viernes, 25 de octubre de 2013

Una Pasión Sin Límites


“Lucian Toro”, seudónimo que toma de su hijo, su nombre real es Javier Toro Zuluaga. Radicado en el barrio San Antonio hace 10 años oriundo de Medellín, hijo único del pintor Javier y de la abogada Ibeth. Casado con Nataly Ruiz, padres de Lucian de 3 años.

El tiempo que más disfruta es cuando está trabajando en su estudio que se asimila a un consultorio, sus paredes se cubren de dibujos de su papá; sobre una pequeña mesa se observan instrumentos como agujas, tintas, maquinas, esterilizadores, diseños de nuevas ideas, entre otros. Allí se entrega a su arte alejándose de una  realidad que tal vez muchos quieren evitar por  la descomposición social y moral que se vive en la actualidad, por eso disfruta de su existencia en el Mall de Llanogrande, un lugar tranquilo, lejos del ruido y las aglomeraciones; solo lo acompaña la música  a exagerado volumen: el tronar de las guitarras, el saxofón, las mezclas y el sonido de su máquina al tatuar que hace que todos sus sentidos se olviden del mundo exterior hasta el punto en que las historias de sus clientes se convierten en murmullos sin importancia.
No es creyente de ninguna religión, pero tampoco se considera ateo. “Estudie toda mi vida en un colegio católico, hasta que llegue a un punto en el que dije ‘yo no tengo por qué creer en algo que me impongan’ simplemente cada uno se esfuerza por ser feliz”. Le molesta  la gente que no hace nada para salirse del círculo vicioso en el que viven “yo trabaje en una de bolsas hace unos años, es una porquería, lo llamo ‘esclavitud modernista’”.

Su segunda pasión es la buena gastronomía, considera un insulto un plato mal preparado, pero no solo la exige, también la hace y su favorita es la italiana “cocino mejor de lo que tatuó”. Incluso cree que fundaría alguna vez un restaurante en el que sería el chef.

“Una vez estando muy pequeño, me fui para Puerto Berrio, allá me comí el mejor bagre del mundo. Cocinaba una viejita con cerca de 80 años. Estuve por allá más o menos una semana y probé todos los platillos, no hubo ninguno malo, ni siquiera el agua de panela con limón e hielo que nos servía. Mucha gente ha estudiado en lugares muy buenos de culinaria y a ninguno de los que distingo, ha hecho un plato más maravilloso que los de ella; a excepción del cocodrilo que una vez comí en los manglares”
Le encanta el play station; las películas de acción y ciencia ficción pero su preferida es la de superhéroes, porque le muestra una realidad diferente, donde se lucha en contra del mal y se vive en un mundo poco parecido a Colombia, por ello quisiera vivir en Suecia, (le gusta el socialismo que hay allí pero no el del resto del mundo) piensa que es el mejor país y que lo llevaría a otra realidad así como lo hacen las películas que ve “si fuera por mi mantendría más encerrado de lo normal. ¿Para qué ser parte de toda esta podredumbre? prefiero hacerme el de la vista corta”.


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Desde pequeño ha vivido el arte, sus padres nunca compartieron su gusto por el tatuaje, por eso fue enviado a la universidad a estudiar derecho, a pesar del tiempo nunca perdió su ideal, pues después de 5 semestres cursados en la UCO Javier salió a luchar por sus sueños.

 “El primer tatuaje que me hice fue en el hombro a los 17 años, a escondidas, así empezó todo y ahora no sé cuántos tengo, ni les doy significado, simplemente lo hago porque me gusta; pero de todos el que más me ha dolido es el de las rodillas. Me gustaría tatuarme todo, con excepción de la cara, lo considero un atentado”.
“Mis padres piensan que tatuajes es igual a vandalismo y así mucha gente, pero ahora sigue nuestra generación (1980 y 1990) que tenemos un pensamiento más abierto por eso estoy seguro que esto va a cambiar y el mito de que un tatuaje te quita o te pone algo se eliminara. La ley ahora apoya el derecho al trabajo y que no se discrimine a nadie por tener un tatuaje; por tatuarte no amanecerás más bruto. Lo veo muy similar a como si te dejaras el bigote, ¿entonces despiertas más bruto que nunca? ¡Es absurdo!”
  “Fue muy duro, mis papas nunca me apoyaron. Intente hasta  pagarle a uno de los alumnos de mi padre que se dedicaba al tatuaje y me canse de rogar, entonces dije ‘yo puedo solo’ y eso hice, cuando me entro una plata la dispuse para la máquina y compre todo el equipo que consiste en: una máquina, una fuente (nivela la energía  de la maquina), un pedal (interruptor), agujas, tintas, boquillas, clip cord (cable que le da energía la máquina), entre otros”.
Sin embargo, Toro no ha estado totalmente solo ya que su esposa des de un principio siempre lo apoyo con su talento “Yo lo conocí en el 2007 y me enamore perdidamente de él, sentía que quería estar con Javier por el resto de mi vida. Lo apoye desde el principio con su vocación, me enorgullecía. Incluso una vez ahorre la plata del descanso del colegio para comprarle una fuente” cuenta Nataly Ruiz, esposa de Javier.
Con 6 años en este arte “Lucian” se ha convertido en uno de los mejores en tatuar rostros del Oriente Antioqueño. “Fue complicado aprender, incluso pocos se me prestaron para tatuarlos, entonces decidí entrenarme en mi propia piel”.

 “Yo aconsejo a mis clientes pensar muy bien lo que se van a hacer, porque empecé desde muy joven a tatuarme y ahora llevo dos secciones de laser en las que me estoy borrando mis primeros tatuajes, fueron en las manos; me parecen muy colorinches. Uno ya todo viejo y súper ‘Lazy town’, como que no. Apenas termine me tatuare de nuevo”.

Considera que conoce todas las técnicas de tatuaje aunque a diario se esfuerza por aprender algo nuevo, ve como “mediocridad” quedarse en el mismo punto y llenarse de ego tanto como para “estancarse”  en él.
A pesar de que sabe que sus trabajos son alabados y conocidos por el país y por el exterior no se cree más ni menos que nadie, pero le da satisfacción ver la cara de alegría de la gente con sus trabajos, además de que estos son reconocidos por sus técnicas en cualquier parte y su nombre reluce al verlos. “Aquí al local viene mucho un cliente de Estados Unidos, siempre llega, pasea una semana y se va súper tatuado y satisfecho”

Admira al ruso Demitre Shamoev y al colombiano Cesar Baille. Disfruta de tatuar realismo en especial animales y a todo se le mide sin temor,  piensa que el miedo solo  lleva al fracaso y que se debe creer en sí para lograr las cosas.

“Una vez me llego un man diciéndome ‘parce yo me voy a hacer un punto rojo en la muñeca, algo que me causo mucha gracia y le dije ‘lo menos que yo cobro son cien mil pesos y no te puedo cobrar menos’ - ‘sí, no importa’ - ‘¿no queres otro tatuaje y yo te regalo el punto?’, me demore 30 segundos haciéndole el punto, fue más armar el equipo”.

Mientras me hablaba de él movía sus manos ansiosamente; la mirada se perdía en aquella pradera al frente de su local, pero no por mucho, sus ojos eran como dos pequeñas bolas de pin pon que saltan y danzan de un lado para otro sin cesar, mientras reía con nerviosismo.

“En diciembre estaba tatuando cuando una gente acá afuera empezó a tirar tacos, el cliente saltaba, yo también; hasta que llego un momento en el que me tuve que bajar – ‘parce, estoy trabajando ¿por favor dejan de tirar eso?’ – ‘¡a claro parcero!’ -- seguí trabajando cuando… otro taco, baje un poco más disgustado – ‘Hey! por favor deja de tirar eso, te estoy diciendo de buena manera’ –siguieron y ahí si baje bravísimo – ‘¡bueno malparidos ¿cómo es la cosa pues?!’ – eso se formo un alboroto, el celador se dio cuenta y obvio llamo a la policía; cuando llegaron les pegue tremenda insultada y me iban a arrestar. Finalmente logre terminar el tatuaje”


 
“Mi esposa siempre ha dicho que soy como un guerrero samurái porque he sido yo contra el mundo en todo momento, estoy de acuerdo con ella, así este vuelto nada yo hago las cosas hasta el final y no me detengo, no pienso y mucho menos le hecho reversa a nada, siempre para adelante aunque hayan errores; uno no se puede dejar tragar y vencer aunque todo vaya muy mal”.

 Foto cortesía


Ximena Oquendo H.


Arnulfo Gómez: Un yerbatero de profesión

A Arnulfo Gómez  un hombre de altura promedio, trigueño, de ojos claros y parpados caídos las plantas medicinales desde joven le han llamado la atención, tanto así para desarrollar un talento excepcional y una memoria prodigiosa. Él ha vivido en la vereda El Carmín de Rionegro  toda la vida en donde se crio con sus 7 hermanos, se enamoró y se casó con Lucero Montoya; tuvo 8 hijos, Luz Elena, Ana, Nora, Luceli, Elkin, Ricardo y Juan Sebastián.

Él durante sus años de trabajo siempre ha tenido el apoyo de su esposa, Lucero de 60 años, una mujer fuerte pero enferma que a pesar de las adversidades siempre ha estado para Arnulfo en todo momento tal como lo prometió hace 37 años frente al altar. Para ella las hiervas curativas han sido una bendición en su hogar, porque con ayuda de ellas han criado a 8 hijos y después de años de esfuerzo y sudor construyeron una casa para su familia; un hogar de 7 habitaciones incluyendo el baño, un patio con cultivo de plantas medicinales como cidrón, alcachofa, penca sábila y ruda, a la cual Lucero es alérgica. “Él compraba cada semana dos adobes que llevaba al hombro desde el aeropuerto hasta aquí, a  la vereda el Carmín y así termino la casa, ahora tenemos casita propia a pesar de la pobreza” cuenta Lucero Montoya, esposa de Arnulfo.

Arnulfo no siempre trabajo con plantas, anteriormente se dedicaba a hacer cabuya en una fábrica del municipio de Rionegro, que no le daba mayor estabilidad, por ello decidió salir de allí y dedicarse a vender chócolos en la ciudad de Medellín con la ayuda de un amigo suyo.

Una mañana llego como de costumbre a su puesto de trabajo y  encuentra una cantidad considerable de plantas sorprendentes “había de todo tipo de plantas medicinales, había viravira, diente león, sauce… ahí dije yo ¡aquí es!  Y fui aprendiendo a conocer cada planta del oriente antioqueño,  me di cuenta de que no necesitaba de estudio para instruirme  porque cada día al lado de los yerbateros  aprendí con la práctica, ya que nunca fui a un colegio a estudiar, solo iba a tirarle piedras a los profesores y ahora conozco más 120.000 plantas y llevo apenas 34 años en este oficio” expresa Arnulfo.

“lo que han sido los últimos dos presidentes nos tienen ahorcados, por que anteriormente compraban las plantas muy fácil en los laboratorios y ahora por cualquier manchita que tenga le devuelven a uno los bultos de plantas gracias al ministerio de salud que mantienen muy controlada la salubridad de cada hoja y todo debe estar por separado y empacarlas en bolsas y cajas porque si estas están un poco al aire libre la rechaza, además tengo que sacar el RUT y el registro del Invima que nos cobra por cada planta y eso le quita mucha plata a uno ”  cuenta el Yerbatero.

Arnulfo vende pero no receta, expresa que  solo es un distribuidor y sabe que hay muchas cosas que no conoce y con las recetas que distingue mucha gente se ha curado con sus consejos pero nunca está siguiendo el proceso. Lo que más busca la gente es la ruda aunque tambiés sirve para curar es peligrosa para el organismo, sirve como abortivo “Yo nunca haría algo como eso, ni por millones de pesos ya que la persona debe enfrentar las responsabilidades; por eso yo nunca utilizo mi oficio para algo perjudicial para alguien a pesar de que yo mismo me daño los pulmones con el cigarrillo, pero  yo siempre he dicho que uno haciendo el bien le va bien y haciendo el mal le va mal” narra Arnulfo.




Ximena Oquendo H.



miércoles, 16 de octubre de 2013

COLIBRÍ EN NECRÓPOLIS


Ella inmóvil, respiraba con lentitud, asustada por lo que llegaba, se cumplía ya cuatro años de la muerte de su abuelo, el momento de sacar sus restos llegaba. Caminaba despacio hacia el interior del cementerio, la luna comenzaba a emerger con una luz tenue sobre la cúpula de aquella capilla donde ya se han velado tantos cuerpos sin vida; ella observaba cada estatua situada a lado y lado del inmenso corredor, todo se hallaba lleno de tumbas y un silbido misterioso se apoderaba de aquel lugar.

Subió las escaleras aproximándose a la bóveda donde reposaba el cuerpo de su abuelo, el olor a formol la mareaba, no se apreciaba como ella misma; de repente, allí en medio del camino apareció de entre las tumbas silbando suavemente, un hombre robusto con un overol azul oscuro y una gorra roja, sus ojos brillaban reflejando la luna en sus pupilas, sonreía con tristeza; aquella presencia la perturbaba, creía que lo realizaría sola.

Al quedar frente a frente, se miraron a los ojos, sonrieron y comenzaron a cavar; se le aguaban los ojos, temblaba, los mosquitos se posaron sobre ella, pero no la molestaban, se hallaba absorbida por el momento, perforaba con firmeza y rapidez, sudaba. Al terminar de socavar la tumba, miró aquel ataúd negro con bordes plateados, lo sacó con calma como moviendo un bebé recién nacido para no sacarlo de su sueño; cada vez se hacía más oscuro y la noche se hizo más fría, cuando se posó sobre la tapa del féretro un precioso colibrí de colores brillantes, que encantaban y llenaban de vida aquel lugar habitado por espíritus solitarios.

 Aquel hombre seguía allí ayudándola, abrieron el sarcófago de madera que ocultaba ese cuerpo viejo consumido por los gusanos, que en vida se halló como un templo maravilloso de movimientos armoniosos. Al contemplarlo ella no logro evitar soltar una lagrima que bajó hasta su barbilla, aquel hombre que antes le brindo tantas alegrías, ahora solo era un cadáver al cual no le quedaba ni un pedazo de carne, los gusanos acabaron con él, pero aun quedaba intacto aquel traje colorido con el que se sepultó. El colibrí seguía allí quieto, como si formara parte de ese lugar a pesar de su resplandor.

Ella lo sacó suavemente, lo abrazó y lloró, él todavía conservaba la imagen de la Virgen del Carmen entre los huesos de sus manos ya tiesas por el tiempo, el alma ya no habitaba en su cuerpo, no era la misma energía que le brotó por los poros hasta el día en que murió. El hombre la ayudó a cortar y partir lo poco que quedaba de él, al finalizar ella sacó de su bolso un pequeño cajón dorado y colocó hueso por hueso dentro de él, el colibrí se posó sobre el cajón dorado aleteando con fuerza, los mosquitos se alejaron, ella cerró la caja y levantó la mirada, el hombre ya no hallaba allí, el colibrí tampoco; ella se amedrento, abrazó el cajón con fuerza, corrió velozmente entre la neblina, al mirar la puerta se sintió aliviada pero justo en frente de ella, se cerró fuertemente, se hallaba atrapada en el tenebroso lugar, comenzó a escuchar voces y un silbido que la ensordecía, cayó de rodillas al suelo, se tapo los oídos y la pequeña caja se abrió. Ahora los huesos estaban por todos los lados, se desprendió una luz fluorescente que encandiló sus ojos, formó la silueta de su abuelo, ella se desmayó y aquella luz se retiro volando como una hoja movida por el viento y se desvaneció.  

Ximena Oquendo H.

Una Manera Especial de Ver la Vida


Esta historia comienza en 1984 en el municipio de Guarne (Antioquia). Una pareja  de jóvenes de  22 y 23 años, Gloria María y Juan Guillermo, se dan cuenta de que  serán padres después de  nueve  años de  noviazgo,  noticia  que desilusionó a  la familia de la novia, pero poco a poco se alegraron con la idea de tener a un nuevo integrante en la familia. Gloria era  una joven   de ojos  brillantes  e intensos como las esmeraldas,  silueta delgada y cabello corto; una  joven de familia humilde que se sostenía de la venta de empanadas, con la que ella ayudaba para sustentar su casa; por otro lado, Juan Guillermo, el futuro padre, provenía de una familia de clase media, un joven delgado, de cabello rizado tan negro como la noche, de ojos dulces e inocentes en busca de tantos sueños que ahora  realizaría al lado de su esposa y la bebé que vendría en camino.

Luego, los recién casados se fueron a vivir a la casa de Amparo, una hermana de Juan, ya que no tenían a dónde ir. El embarazo avanzaba con normalidad y los padres hacían planes, ansiosos, en espera de aquel ser que alegraría sus vidas. Después de 5 meses de gestación Gloria “rompe fuente”  y conmocionada  va al hospital San Juan de Dios, donde es internada por un mes,  cuenta con la compañía de su esposo y familiares. A los 6 meses de gestación, Gloria siente que ya es hora de darle la bienvenida a la bebe, que nace por medio de cesárea. Ella era Diana María, pequeña e indefensa, viene al mundo con una deficiencia respiratoria y fue remitida inmediatamente a la incubadora, sin ver siquiera a su madre, que se exasperaba y lloraba al ver cómo se llevaban a su pequeña.

Diana pasa en este hospital dos meses en los que no pudo ni tocar a su madre  que angustiada, esperaba su recuperación; pero Diana empeoraba día a día más, parecía no crecer, cada vez estaba más diminuta y enferma, casi al borde de la muerte. Sus padres no sabían qué pasaba, ¿por qué su niña no mejoraba? Con el paso del tiempo su desesperación era mayor,  entonces  decidieron trasladarla a la Clínica Medellín donde descubren que su enfermedad se da a causa de la intolerancia al azúcar de la leche y por ello Diana no mejoraba; después de esto, la bebé comienza un tratamiento con medicamentos donde le cambian la nutrición y comienza a ser alimentada por una sonda que salía de su cuello.

Por consiguiente,  la niña comienza a crecer y a engordar de tal manera que sus padres se emocionan al ver el buen trabajo del doctor, que aleja a su hija de la muerte y la convierte en una pequeña saludable, aunque crecía de manera desproporcional para su edad. Al cabo de 8 meses de hospitalización, por fin puede ir a casa.

Para este tiempo Gloria y Juan Guillermo ya vivían en Chaparral, una vereda aledaña al municipio de Guarne, en una finca grande que pertenecía a  Adán, el papá de Juan, donde laboraban administrando un restaurante llamado “La 30”, trabajo con el cual sostiene su joven matrimonio. Diana comienza a llenar de alegría aquella casa donde las risas retumbaban y el amor hacia eco.

Al parecer todo iba muy bien, hasta que los jóvenes comenzaron a notar algo diferente, extraño en la mirada de Diana; entonces, preocupados, recurren a un doctor para preguntar por qué los ojos de la pequeña “bailaban”.
Después de unos exámenes determinan que Diana, de tan solo 8 meses, estaba ciega. Gloria, sola en el  hospital San Juan de Dios, se derrumba con su hija en brazos, entre lágrimas y un nudo en la garganta le pregunta al doctor:
-          ¿Qué le causo esto a mi hija?
El doctor responde:
-          Probablemente en el tiempo en el que estuvo en la incubadora, la cantidad de oxigeno no fue la adecuada y como consecuencia dejo invidente a su hija.
Gloria enfurecida y con la mirada aun mas aguada, le dice:
-          ¿Doctor, que puedo hacer para que mi hija vuelva a ver?
A lo que el medico respondió, con una voz tosca y mal humorada:
-          Entienda, No va a volver a ver, ¡no se haga ilusiones!

Gloria reventaba en llantos y abrazaba su hija con fuerza dirigiéndose a casa, donde encuentra a su esposo en espera del resultado de los exámenes y el testimonio de su esposa, que al verla se angustia y le dice: "¿Qué pasa, por qué vienes así?... ¿Qué te dijo el medico?", la madre responde con la voz entre cortada  "nuestra hija esta ciega"; Juan llora y la abraza, mientras le dice "tranquila, haremos todo lo posible para que nuestra hija vuelva ver y la sacaremos adelante".

Luego de unos días los padres van al hospital San Juan de Dios donde demandan  por negligencia, causante de la ceguera de su hija. Después, comienzan con la búsqueda de los mejores médicos del país para que curen la invidencia de su hija, que ya comenzaba gatear. Juan y Gloria viajan a Bogotá donde encuentran, efectivamente, los mejores doctores del territorio, que de inmediato comienzan los estudios para que la bebé recobre la vista. Después de muchos exámenes la respuesta es negativa, entonces vuelven a Guarne, pero sin haber perdido aun las esperanzas; piden una segunda cita en Bogotá de la cual vuelven resignados, aceptando que la ablepsia de su hija es permanente e incurable.

Por lo tanto, “comienza la lucha”. Ahora que Diana gateaba, había que comenzar por enseñarle “su casa”, una tarea un poco complicada en una finca grande con zonas verdes; aunque Diana aprendió con facilidad, en una ocasión cayó a una zanja, accidente del que salió ilesa después de una gran preocupación por parte de sus padres.

Después de un tiempo, Diana aprendió a caminar, dominando completamente el recorrido por su casa: Corría, saltaba y gritaba de alegría demostrándole a sus padres que todo valía la pena. Era una niña inquieta, feliz y traviesa que alegraba la existencia de todo aquel que entrara en su vida.

Cuando Diana cumplió cuatro años era una niña de cabello castaño ondulado, trigueña, delgada y de labios voluminosos; inquietos por los libros y el canto. Ya estaba lista para ir a la escuela, entonces su madre decide llevarla a una institución, pero en Guarne no había ninguna especial donde ella pudiera aprender, así que sus padres resuelven conducirla a Medellín, al barrio Aranjuez a la escuela   “Sordos, Mudos y Ciegos”, allí ella aprende  matemáticas, manualidades y braille, escritura con la que también se instruyeron sus padres.
Después de varios años de viajes, esfuerzos, necesidades y gastos les recomiendan a los padres que trasladen a Diana a una escuela convencional para no excluirla de la sociedad.

Su padre, Juan Guillermo,  comienza a crear un proyecto de escuela para niños y jóvenes discapacitados en Guarne, pensando en la situación de su hija y de muchos niños más y lo presenta a la alcaldía, allí aceptan la idea, entonces nace CREES (Corporación para la Rehabilitación de Educación Especial), donde empiezan a llegar muchos niños que aprenderían manualidades, ebanistería, a tejer, escribir y leer; también se crea empresa, donde ellos venden      maní, verduras y hacen inyectores para odontología. Diana asiste dos veces a la semana y consigue más amigos, ahora, a su corta edad sabía tejer, escribir y leer por braille, estos son sus pasatiempos favoritos.

Ahora ella regresa a Guarne en búsqueda un nuevo colegio, pero esto fue más complicado de lo que se pensaba pues  ningún colegio estaba capacitado para enseñar a personas discapacitadas, después de una búsqueda exhaustiva Diana es recibida en  el Divino Niño, en Rionegro, donde realiza todos sus estudios primarios y es transportada por el bus escolar, que en varias ocasiones se olvidó de recogerla, dejándola sola en el colegio. Allí Diana se desempeñó como una alumna común aunque sus compañeros no la vieran así y por ello la molestaban con insultos y golpes hasta el punto de ella también agredirlos físicamente. Finalmente toman la  decisión de retirarse del colegio.

Cuando Diana cumplió nueve años, obtiene la noticia de que tendrá un hermanito, la cual recibió con alegría al igual que sus padres, que en un principio la toman como una gran sorpresa, ya que habían tomado la decisión de no tener más hijos. Pero ahora Diana tendría un hermano, nació después de nueve meses de gestación y  lo llamaron Juan David, era trigueño, de ojos dulces como el caramelo y delgado; el nuevo compañero de aventuras y  juegos… Su compañero de vida. Diana ya sabia montar en bicicleta, patinar, leer, escribir, bailar y hacer travesuras, ella se moría de ganas por enseñarle todo esto a su hermanito.

 En una ocasión Diana estaba en el pueblo con su mamá y su hermanito comprando el mercado para después dirigirse a Rionegro. Su madre decide subir a la pequeña al taxi y al voltearse para subir a Juan David el carro arrancaba a toda velocidad, llevándose a Diana lejos de su mamá. Gloria corre sin descanso con su bebe y se encuentra con un bus al cual se sube rápidamente y desesperada le grita al conductor  "¡siga a ese taxi, se llevo a mi hija!"; el conductor pisa acelerador como nunca lo había hecho, se dirige a la autopista siguiendo aquel taxi se llevaba a Diana velozmente. Gloria no dejaba de llorar, angustiada y llena de ira por lo que estaba sucediendo; después de un largo recorrido por fin el bus alcanza al taxista y la madre se baja con rapidez, abre la puerta del auto y saca a su hija, golpea la puerta bruscamente,  la abraza e insulta al taxista, que asustado se va del lugar con mayor velocidad aun.


Ahora, Diana y Juan David irían juntos a la Institución Educativa Chaparral, donde Diana iniciaría su secundaria y su hermano comenzaría sus estudios. Aunque la institución no estaba capacitada para enseñarle como se debía a Diana, la recibió con los brazos abiertos y con la ayuda de profesores, como Omar, Eduardo Potes y amigos, Diana aprendió y se desempeñó como una buena estudiante a la cual se le realizaban los exámenes orales y le fascinaba leer. Diana se presentó a la personería escolar, segura del favoritismo con el que contaba y que sus propuestas eran buenas, queda en segundo lugar, contenta por la nueva experiencia que se anexaba a su vida.

Diana se graduaría después de tanto esfuerzo de su parte y la de sus padres. Era un momento de gran emoción, ahora tenía 18 años, su madre lloraba de alegría al escuchar el nombre de su hija salir de la boca del  Maestro de Ceremonia y al verla en el estrado recibiendo tan anhelado diploma acompañada de sus padres y su hermano, amigos  y docentes que la aplaudían con entusiasmo.
Después de dos meses de la ceremonia Diana viajó a Tolú, Cobeñas con sus amigos, su madre y hermano en una excusión escolar de tres días donde sintió el mar por primera vez, donde se sentía tranquila, pues ya sabía nadar, su padre le enseñó. Un paseo inolvidable lleno de diversión y alegría, donde dejaría a sus amigos y colegio para comenzar sus estudios superiores, ella quiere ser periodista.

Luego de dos años de haber salido del colegio en los cuales ayudó a su madre en el trabajo, administrar juegos de azar; Diana decide presentarse a la Universidad de Antioquia, a la carrera de Periodismo y Comunicación Social, donde no cumple con el puntaje necesario para ingresar a la Universidad; resultado que no tumba sus sueños, porque Diana ingresa a un preuniversitario en Medellín, donde aprendería lo suficiente para estar preparada para realizar sus estudios superiores, pero vuelve a presentarse a la universidad, falla de nuevo.  Ella no pierde la esperanza y la mueven las ganas de salir adelante, entonces ingresa de nuevo a un preuniversitario en espera de una nueva oportunidad…

En el 2011 Diana decide presentarse al concejo de Guarne, con el partido Verde, donde se desempeña como candidata de la discapacidad, en pro de la inclusión y el arte y realiza campañas de prevención por todo el territorio, apoyada por sus padres, amigos, Sergio Fajardo y Antanas Mockus.

Comienza a hacer afiches y campañas publicitarias, haciendo propaganda política. Diana no recibe la cantidad suficiente de votos para hacer parte del gobierno del municipio de Guarne, pero esto no acaba con la idea de hacer parte algún día del consejo y hacer realidad todas sus ideas.

Ella y familia tuvieron que salir de la finca donde habían vivido durante 25 años,  pues su abuelo de 85 años, los fue sacando poco a poco, para finalmente reclamar su casa llevando a vivir allí a su otra familia, desterrándolos cual intrusos. Ella y su familia decidieron alquilar una casa pequeña donde conviven con Danjha, la perra de su hermano, una pitbull café y blanca, tierna y juguetona que no le cae muy bien, pues no le gustan los animales y mucho menos los perros. “son peludos y lambiscones; además la perra se me tira encima por eso no me gusta ningún animal”.

Actualmente Diana vive en el pueblo y camina a diario de la mano de sus padres, pues no conoce el municipio; nunca sale con el bastón a excepción de cuando sale con sus amigos a otros lugares. Juan Guillermo trabaja en la fundación y estudia sociología en la Universidad de Antioquia; Gloria continua en el negocio de juegos de azar y su hermano espera ingresar a estudiar zootecnia.

Hace unos meses ella aprendió a jugar cartas y domino, con la ayuda de su padre, Zulay su amiga, su hermano y la mía. Diana con su escritura en braille  aprendió a marcar las cartas con el número y la inicial de la pinta, poco a poco se ha convertido en una buena jugadora, pues la sensibilidad de la yema de sus dedos la han llevado a sentir la carta o la ficha que la llevaran a ser la ganadora. También ha estado viajando por el departamento y al Valle del Cauca con un grupo de mujeres invidentes que luchan por sus derechos y su inclusión en la sociedad; demostrando cada día que ella es una verraca, toda una líder.

Para terminar, Diana dice: “considero que que ha mis 27 años llevo un gran recorrido en el que he aprendido mucho, pero también he aportado al mundo conocimientos y demás. Sé que le falta mucho por aprender y que nunca dejare de aprender, veo el mundo como ustedes, con la diferencia de que lo siento y mi interpretación del mundo es más profunda que la de muchos tantos que tienen el sentido de la vista”, además agrega que si hallaran una cura para su ceguera no se operaria pues así se siente bien. Es una mujer soñadora y muy risueña, que desde la lejanía todos la conocen. Es una mujer que desea entrar a la Universidad, ser una gran profesional, una líder; sueña con aprender a cantar y formar una familia donde llene su vida de música, risas, novelas, literatura y romance…


Ximena Oquendo H.